Aulas constructivistas: Saber también las respuestas incorrectas

Aulas constructivistas:

Muchas clases hoy en día, están conformadas por profesores que corrigen a sus alumnos en un intento por enseñarles la respuesta “correcta”. No importa de qué tipo de materia o evaluación se trate, el objetivo es simplemente obtener la respuesta correcta. Pero cuando los maestros se enfocan en las preguntas equivocadas de sus alumnos y en la lógica con la que ellos llegaron a esa conclusión, la cantidad de aprendizaje que se da en esa clase, se multiplica.

Enfocarse en las respuestas incorrectas puede parecer ilógico, pero hacerlo, ayuda al maestro a encontrar la conexión entre la respuesta incorrecta y la idea equivocada o confusión del estudiante. Analizar la pregunta incorrecta tiene la increíble habilidad de hacer mejores educadores y los estudiantes se frustran menos y se tornan más receptivos a la información que se les presenta dentro del salón de clase. En pocas palabras, lograr entender la respuesta incorrecta, lleva a un aprendizaje duradero.

Como surgen los conceptos erróneos y las preguntas “incorrectas”

Una parte central de la naturaleza humana, es buscarle explicaciones a lo desconocido basándonos en lo que conocemos. Anhelamos entender. Aunque muchas veces parece que los estudiantes sacan las respuestas incorrectas de la nada. No es así; ellos aplican la lógica, basándose en el conocimiento limitado del mundo que los rodea, para responder al problema o pregunta. He aquí dos ejemplos de conceptos erróneos que comparten muchos estudiantes de la escuela elemental:

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Un concepto muy común, es el de que el mundo es plano. Puede que los estudiantes recuerden un viaje a la playa, donde la amplia vista del horizonte, se veía plana. O puede que concluyan que si la tierra no fuera plana, entonces todos caeríamos de la faz de la tierra. ¿Podemos culpar a los pequeños estudiantes por pensar de este modo? Es lo que muchos científicos asumieron durante siglos.

Otro concepto erróneo entre los estudiantes, es el de que las ballenas son un tipo de pez. Tienen colas y aletas como los peces y viven en el océano. Por lo tanto, si camina como un pez y habla como pez, entonces tiene que ser un pez, ¿no es cierto? Para los jóvenes estudiantes, eso parece una conclusión lógica.

La importancia de entender la lógica de los estudiantes

Con tanto énfasis en evaluar y elegir entre las respuestas correctas e incorrectas, es tentador para los maestros, simplemente corregir las conjeturas erróneas y continuar. Pero las investigaciones, sugieren que cuando un profesor se toma el tiempo para entender la lógica de sus estudiantes, se obtienen muchas ganancias en aprendizaje. Lean un estudio hecho por Philip M. Sadler y Gerhard Sonnet. Estos investigadores le dieron a un grupo de profesores un cuestionario que les pedía que adivinaran la respuesta correcta a una serie de preguntas sobre ciencia, y luego que adivinaran cuáles, de sus respuestas incorrectas, podrían ser vistas como correctas, por sus estudiantes. Los investigadores encontraron que en las clases donde los profesores habían elegido correctamente las respuestas incorrectas más comunes, lo cual mostraba que el profesor entendía la lógica de sus estudiantes, el nivel de aprendizaje había sido mucho más elevado.

Por qué está bien equivocarse

¿Por qué es tan importante que un maestro entienda el cómo es que un alumno llega a la respuesta incorrecta? Porque los estudiantes son creaturas lógicas y, cuando se les muestra la lógica detrás del por qué su respuesta es incorrecta, es mucho más probable que acepten la respuesta correcta. En otras palabras, no sólo tienen que aceptar lo que les dice el maestro. Como dice Sadler: Es un gasto inmenso en términos de esfuerzo mental, cambiar las ideas a las que has llegado por conclusión propia; digamos que es una gran inversión. “¿Voy a abandonar esto que concluí yo mismo y que para mí tiene sentido y creer lo que dice el libro o mi profesor? Cuando los estudiantes dan respuestas incorrectas, se presenta una oportunidad maravillosa para enseñar. Por ejemplo, cuando un profesor entiende que x estudiante cree que la tierra debe ser plana, porque de otro modo todos caeríamos, entonces, el profesor sabe cómo explicar la respuesta correcta, la tierra es redonda, en términos gravitacionales. O cuando un profesor entiende que un estudiante cree que la ballena es un pez, porque parece uno, entonces el profesor puede enfatizar las diferencias entre los peces y la ballena.

 

Guiar a los estudiantes de la respuesta incorrecta, a la correcta

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Para ayudar a los estudiantes a llegar a la respuesta correcta por sí mismos, el salón de clases se tiene que transformar en un espacio seguro para explorar. En lugar de enfocarse en memorizaciones inútiles, o simplemente corregir las preguntas incorrectas, los profesores tienen que estimular discusiones abiertas entre sus estudiantes. Sadler le llama a esto, el método de enseñanza socrático. La editora Rebecca Alber, sugiere que los profesores modelen una estrategia que permita el pensamiento abierto en sus estudiantes durante la clase. En lugar de decirle a los estudiantes “esto significa…,” los profesores pueden hacer preguntas abiertas que permitan en los estudiantes pensamientos lógicos, como por ejemplo: ¿Cómo podría…? y ¿Qué tal si…? Incluso el tono de voz de un profesor puede hacer la diferencia, en lugar de adquirir un tono autoritario, el profesor debe tratar de igualar el tono curioso de sus estudiantes, de esa forma enfatiza que tanto él como sus alumnos acaban de embarcarse en un viaje de exploración juntos, dentro del salón de clases.

Una mirada a la educación superior

La educación superior, enfatiza que los estudiantes deben “mostrar su trabajo”, en lugar de solo dar una respuesta. Nosotros entendemos que hacer lo anterior es crucial para la conexión entre los caminos lógicos de maestro/estudiante. Cuando un alumno muestra cómo llegó a una respuesta, entonces los profesores pueden seguir la lógica y apuntar exactamente las partes donde ésta falla. “Muestra tu trabajo”, realmente significa, “muestra tu lógica”, lo cual abre una oportunidad a los profesores para modificar la lógica de los estudiantes de modo que el aprendizaje realmente sea absorbido.

 

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