Los profesores universitarios adoran las técnicas. Si te invitan a dirigir un taller de enseñanza, puedes esperar que te pregunten: ¿compartirás algunas técnicas? Sugiéreles algunas en el taller y verás muchas caras sonrientes y participantes anotándolas con gran entusiasmo. ¿Por qué nos encantan las técnicas de enseñanza? ¿Porque muchos de nosotros llegamos a dar clases sin conocer suficientes? ¿Porque funcionan? ¿Porque mantienen nuestro sentido de la enseñanza fresco?

Esta atracción por las técnicas me ha estado inquietando desde hace unos años. No es que estén intrínsicamente mal, de hecho juegan un papel necesario e importante en la instrucción efectiva. Es el cómo las vemos, lo que no está del todo bien. Empecemos con definiciones. ¿Qué es una técnica de enseñanza? ¿Un artilugio, un truco, una estrategia? ¿Algo que básicamente mantiene a estudiantes aburridos, enganchados? ¿Un plan de acción para cumplir alguna meta en particular? ¿ Está bien que asumamos que todos estamos hablando de la misma cosa?

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Muchos de nosotros tendemos a pensar que las técnicas de enseñanza son la solución a los problemas. ¿Cómo puedo lograr que los estudiantes vengan a la clase con la tarea hecha? ¿Cuál es una buena técnica para hacer ver a los estudiantes todo lo que no saben? Mis estudiantes están posteando comentarios en el foro de discusión, pero en realidad no están teniendo una discusión, ¿algún consejo? ¿Cómo puedo hacer para que mis estudiantes tomen en cuenta mis comentarios?

¿Las preguntas como estas, están motivadas por la creencia de que todo lo que necesitamos para resolver nuestros retos de enseñanza son las técnicas correctas? ¿Es algo que puede ser conectado en una fórmula como si estuviéramos tratando de resolver un problema matemático? Desafortunadamente, ni siquiera una buena técnica le funciona bien a todos los profesores todo el tiempo. No han soluciones que lo curen todo, que funcionan bien con todo tipo de programas y para todo tipo de estudiantes. No todas las técnicas serán igualmente bien aplicadas por todos los profesores. Nuestros pensamientos acerca de lo que puede lograr una buena técnica, deben ser un poco menos optimistas.

En la mayoría de las situaciones de enseñanza, hay múltiples técnicas que pueden ser utilizadas. Digamos que estás contestando a una respuesta errónea o no muy buena de un estudiantes, puedes corregir la respuesta del estudiante, puedes pedir otras respuestas, puedes pedirle a la clase que corrijan la respuesta o que la enriquezcan, puedes decir que la respuesta es errónea pero valorar el esfuerzo, puedes preguntarle al estudiantes cómo es que llegó a esa conclusión, puedes decir que está mal y pasar a otra cosa, puedes reaccionar a la parte de la respuesta que tiene posibilidades y partir de ahí. Esto solo comienza la lista de posibilidades.

Hay una tendencia a pensar que todo lo que se necesita es tener más técnicas para convertirse en un mejor maestro. Recopilar técnicas no está mal, pero es la primera y más sencilla parte de un proceso mucho más complejo. Cuando hay múltiples forma de contestar a una respuesta incorrecta, tienes que decidir cuál vas a usar. Tener un gran número de opciones es inútil, a menos de que logres seleccionar correctamente cuál es la que te funciona mejor, dadas las circunstancias. ¿Qué tipo de directrices o criterios estamos usando?

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El uso de ciertas técnicas puede planearse con antelación, pero otras deben ser elegidas en el momento. Un estudiante ha contestado de forma incorrecta y nosotros tenemos que decidir cómo manejarlo, pero sin tener tiempo para hacer una gran reflexión. El espacio en línea ofrece más tiempo para pensar, pero, ¿lo aprovechamos o simplemente reaccionamos como siempre lo hacemos ante una respuesta incorrecta? Sea cual sea la elección que hagamos, tendremos que vivir con las consecuencias de cómo reaccionamos. No hay el grito de un director que diga: corte, para que podamos reagruparnos e intentemos una reacción diferente. Obviamente, siempre podemos intentar mejorar una mala situación, pero si elegimos erróneamente, no hay forma de borrar lo que ha sucedido. Por lo tanto, una colección de técnicas tiene que ser monitoreada y bien manejada, y eso requiere de muchas más habilidades sofisticadas, de las que se necesitan para hacer una colección.

Y finalmente, hay esto. Las técnicas de enseñanza son esenciales. Si no lo crees, intenta enseñar sin alguna. Sin embargo, aunque las técnicas de enseñanza hacen la instrucción más efectiva, no ofrecen garantías. Las buenas técnicas nunca son suficiente y poner demasiada atención en ellas, nos distrae de lo que realmente es importante. Parker Palmer nos ofrece el siguiente recordatorio: La buena enseñanza no puede ser reducida a una técnica; la buena enseñanza surge de la integridad e identidad del profesor. Podemos adorar las técnicas, pero no las adoremos por las razones incorrectas.

 

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