Cómo pueden las escuelas notar y servir a los “chicos callados”

Cuando Lily Shum era pequeña, tenía miedo de hablar en voz alta en clase. No era porque no tuviera nada interesante que decir o porque no estuviera poniendo atención o porque no se supiera la respuesta. Simplemente era callada.

“Todas y cada una de las notas que mis maestras le escribieron a mis padres decían: Lily necesita hablar más. Es muy callada. Recuerda Shum, ahora asistente directora de la universidad Trevor Day en Manhattan.

Ella no quiere que sus estudiantes se sientan presionados a hablar en voz alta.

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Es por eso que se unió a más de 60 educadores en la ciudad de Nueva York, en el Instituto Quiet Summer. El taller al que asistió, era un taller de desarrollo profesional basado en el best seller de Susan Cain, llamado Callado: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede dejar de hablar (Quiet: The Power of Introverts In A World That Can’t Stop Talking).

El libro ha sido un fenómeno en los E.U., y es la inspiración detrás de un plan de estudios desarrollado por Heidi Kasevich, destinado a los profesores.

“Es un lente a través del cual pude ver toda mi vida, y realmente sentí que tenía el derecho de ser yo misma” dice Kasevich, una maestra por más de 20 años, quien ahora trabaja para la compañía Cain, promoviendo el mensaje del libro a cerca de la gente introvertida.

https://www.youtube.com/watch?v=KjIGgnkcg80

Este taller de entrenamiento, usa este libro para ayudar a los profesores a notar y servir a los chicos callados.

Talleres y programas de este tipo se pueden encontrar en eltimon.com.

“Hay expectativas que reacaen sobre nuestros niños… ser un extrovertido carismático”, dice Kasevich. Incluso si es algo inconciente, dice, los profesores tienden a prestarle más atención a los estudiantes que hablan.

Kasevich admite que ella también lo hizo: dándole la palabra a los chicos que levantaban primero la mano.

Los dos primeros días del curso, consistieron en reimaginar la participación dentro del salón de clases, la cual en algunas escuelas, puede contar como una gran parte de la calificación. Kasevich prefiere llamarla involucramiento de la clase.

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“Estar presente y conectar, no tiene que darse con demasiados discursos”, dice. ¿Por qué no probar con dibujo, escritura o trabajo en parejas?

O, Kasevich sugiere, haz que los estudiantes caminen alrededor del salón, escribiendo ideas en trozos de papel. Pueden responder a las ideas de los otros – una especie de diálogo silencioso.

Directores y administradores se mezclaron con sicólogos escolares, consejeros y maestros. Se acomodaron en pequeños grupos para discutir ideas y sugerencias.

Bajo la superficie

No se trata solo de prestar atención a los chicos introvertidos. Los profesores necesitamos preguntarnos por qué son tan callados.

La personalidades juegan un papel en esto, pero también podemos tener estudiantes que son introvertidos porque han sido callados. Otros porque anticipan que podrían ser acallados sin importar si les ha sucedido antes o no.

Hay muchas razones: estereotipos, preferencias, problemas en casa. Cuando estamos pensando en los estudiantes introvertidos, tenemos que pensar cómo se conecta esto con sus orígenes… su género… su sexualidad.

Al comprender cómo podemos acercarnos a los introvertidos, entonces como profesores podemos llevar a esos otros asuntos. Porque si no comenzamos a ver más allá de los alumnos que levantan la mano, todos nos perderemos de muchas ideas brillantes.

 

Algunas de las cosas que puedes hacer como profesor, para lograr fascinar a tus estudiantes

Hoy quisiera explorar algunas de las cosas que pueden hacer los profesores de universidades privadas para promover el compromiso de los estudiantes.

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Redefinir la participación: Permite más que sólo comentarios verbales. Invita a tus estudiantes a contribuir de forma electrónica, con un correo o un post en la página de la escuela, con preguntas que no preguntaron en clase, un comentario que no alcanzaron a hacer o un pensamiento que les vino después de la clase. “¿Escucharon lo que Mario acaba de decir? Esa es una explicación que deberían anotar”. Deja que la definición de participación, honre el silencio, y dale a tus estudiantes el tiempo necesario para pensar a cerca de la pregunta y poder acomodar la respuesta. Quizá es momento de dejar de evaluar la participación y dejar que los estudiantes hablen, porque ellos tienen mucho que decir.

Cultiva una presencia que invita al compromiso. Esto comienza estando presentes. Esto significa no solamente estar físicamente, también estar mentalmente atento a lo que sucede diariamente y en cada interacción. Una presencia de aprendizaje cautivadora, se comunica con un comportamiento no verbal que expresa confianza, confort, expectación y grandes expectativas. El espacio de enseñanza físico o virtual, es uno que compartes con compañeros de aprendizaje. Muévete alrededor, observa quién está en clase, sonríe, saluda o comenta sobre el clima o algún evento actual. Hay muchas formas distintas en las que puedes demostrar que estás presente. Tus acciones incitarán el compromiso en tus estudiantes, siempre y cuando sean genuinas y auténticas y, siempre y cuando tú estés comprometido, con los programas, los estudiantes y con la enseñanza.

Dedica tiempo a hablar sobre aprendizaje, a que conlleva y por qué es importante: Esta no debe ser el mismo viejo discurso a cerca de cómo, este un curso complejo y que un cierto porcentaje de los estudiantes no lograrán finalizarlos. Sí, claro que hay temas que tienen que aprender, pero con esfuerzo pueden lograrlo. Debes hablar de tu constante romance con el aprendizaje. Muchos de los estudiantes aún no se han enamorado de él. Ellos creen que les gusta el aprendizaje simple, memorizar fragmentos de información que luego pueden olvidar, o irla llevando haciendo el mínimo. Haz que sea tu clase la que introduzca a tus estudiantes a un aprendizaje que fascine su atención, despierte su curiosidad, abra sus mentes y los haga sentir exitosos.

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Da a los estudiantes la oportunidad de participar en el proceso: Los profesores toman todas las decisiones a cerca del aprendizaje de los estudiantes. Ellos deciden cuáles de ellos aprenderán, cómo aprenderán (haciendo exámenes, trabajos, etc.) el ritmo al que aprenderán, y las condiciones bajo las cuales lo harán. Luego los profesores deciden si los estudiantes aprendieron. A los estudiantes se les puede dar un poco de control, sin abolir responsabilidades asociadas al maestro. Permite que los estudiantes comiencen a tomar pequeñas decisiones, qué temas quieren discutir, si su proyecto final será una presentación en clase o un trabajo escrito, etc. Y ve lo que sucede con su capacidad de compromiso.

Diseña auténticos deberes y experiencias de aprendizaje: Trata de presentarle a los estudiantes una hipótesis y pídeles que predigan los resultados o introdúcelos en el concepto de crítica literaria y critiquen una lectura.