Cuando Lily Shum era pequeña, tenía miedo de hablar en voz alta en clase. No era porque no tuviera nada interesante que decir o porque no estuviera poniendo atención o porque no se supiera la respuesta. Simplemente era callada.

“Todas y cada una de las notas que mis maestras le escribieron a mis padres decían: Lily necesita hablar más. Es muy callada. Recuerda Shum, ahora asistente directora de la universidad Trevor Day en Manhattan.

Ella no quiere que sus estudiantes se sientan presionados a hablar en voz alta.

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Es por eso que se unió a más de 60 educadores en la ciudad de Nueva York, en el Instituto Quiet Summer. El taller al que asistió, era un taller de desarrollo profesional basado en el best seller de Susan Cain, llamado Callado: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede dejar de hablar (Quiet: The Power of Introverts In A World That Can’t Stop Talking).

El libro ha sido un fenómeno en los E.U., y es la inspiración detrás de un plan de estudios desarrollado por Heidi Kasevich, destinado a los profesores.

“Es un lente a través del cual pude ver toda mi vida, y realmente sentí que tenía el derecho de ser yo misma” dice Kasevich, una maestra por más de 20 años, quien ahora trabaja para la compañía Cain, promoviendo el mensaje del libro a cerca de la gente introvertida.

Este taller de entrenamiento, usa este libro para ayudar a los profesores a notar y servir a los chicos callados.

Talleres y programas de este tipo se pueden encontrar en eltimon.com.

“Hay expectativas que reacaen sobre nuestros niños… ser un extrovertido carismático”, dice Kasevich. Incluso si es algo inconciente, dice, los profesores tienden a prestarle más atención a los estudiantes que hablan.

Kasevich admite que ella también lo hizo: dándole la palabra a los chicos que levantaban primero la mano.

Los dos primeros días del curso, consistieron en reimaginar la participación dentro del salón de clases, la cual en algunas escuelas, puede contar como una gran parte de la calificación. Kasevich prefiere llamarla involucramiento de la clase.

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“Estar presente y conectar, no tiene que darse con demasiados discursos”, dice. ¿Por qué no probar con dibujo, escritura o trabajo en parejas?

O, Kasevich sugiere, haz que los estudiantes caminen alrededor del salón, escribiendo ideas en trozos de papel. Pueden responder a las ideas de los otros – una especie de diálogo silencioso.

Directores y administradores se mezclaron con sicólogos escolares, consejeros y maestros. Se acomodaron en pequeños grupos para discutir ideas y sugerencias.

Bajo la superficie

No se trata solo de prestar atención a los chicos introvertidos. Los profesores necesitamos preguntarnos por qué son tan callados.

La personalidades juegan un papel en esto, pero también podemos tener estudiantes que son introvertidos porque han sido callados. Otros porque anticipan que podrían ser acallados sin importar si les ha sucedido antes o no.

Hay muchas razones: estereotipos, preferencias, problemas en casa. Cuando estamos pensando en los estudiantes introvertidos, tenemos que pensar cómo se conecta esto con sus orígenes… su género… su sexualidad.

Al comprender cómo podemos acercarnos a los introvertidos, entonces como profesores podemos llevar a esos otros asuntos. Porque si no comenzamos a ver más allá de los alumnos que levantan la mano, todos nos perderemos de muchas ideas brillantes.

 

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